Strábon
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CAPÍTULO 2 (continuación):


7. Si son así las tierras del interior de la Tourdetanía, podría decirse que sus costas son comparables a las riquezas del mar; en general, todas las ostras y las conchas excenden en cantidad y dimensión a las del Mar Exterior. Aquí, sobre todo, pues siendo también mayores las pleamares y las bajamares, estos movimientos de la mar las hace aumentar en número y tamaño. Lo mismo pasa también con todas las especies de cetáceos, orcas, ballenas y marsopas, que cuando respiran parece de lejos que lanzan al aire una columna de vapor. Los congrios se desarrollan allí enormemente y sobrepasan por su tamaño en mucho a los nuestros(116); también hay murenas y otros peces de la misma especie. Dícese que en Karteía se han hallado buccinas y múrices que pueden contener hasta diez "kotýlai"(117); y en la costa de afuera se pescan murenas y congrios de más de ochenta "mnai"(118), pulpos de un "tálanton"(108) de peso, calamares de dos codos de longitud, y así por el estilo Muchos atunes que del Mar Exterior llegan a estas costas son gordos y grasosos. Nútrense de las bellotas de cierta encina que crece en el mar muy rastrera, y que produce frutos en verdad abundantes. Esta encina se da también profusamente en el interior de Ibería, y, aunque tiene raíces muy grandes, como las de una encina completamente desarrollada, su tronco es menor que el de una pequeña; produce, sin embargo, tanto fruto, que después de la marea alta, así la costa de la parte interior como de la exterior de las Columnas, queda cubierta de las que arroja la pleamar. No obstante, las bellotas de la parte de dentro de las Columnas son siempre más pequeñas y se encuentran en mayor cantidad. Y dice Polýbios(38) que dichas bellotas llegan hasta el Mar Latino, si no las produce también, añade, Sardó(103) y la tierra vecina. Y cuanto más se acercan los atunes viniendo desde el Mar Exterior a las Columnas, tanto más adelgazan, por falta de alimento. Son estos peces una especie de cerdos de mar, porque apetecen las bellotas y engordan extraordinariamente con ellas, hasta el punto que nacen tanto más atunes cuanto más bellotas produce el mar.

8. A tanta riqueza como tiene esta comarca se añade la abundancia de minerales. Ello constituye un motivo de admiración; pues si bien toda la tierra de los íberes está llena de ellos, no todas las regiones son a la vez tan fértiles y ricas, y con más razón las que tienen abundancia de minerales, ya que es raro se den ambas cosas a un tiempo, y raro es también que en una pequeña región se halle toda clase de metales. Pero la Tourdetanía y las regiones comarcanas abundan de ambas cosas, y no hay palabra digna para albar justamente esta virtud. Hasta ahora, ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierrro nativos se han hallado en ninguna parte de la tierra tan abundantes y excelentes. El oro no se extrae únicamente de las minas, sino también por lavado. Los ríos y torrentes arrastran arenas auríferas. Otros muchos lugares desprovistos de agua las contienen también; el oro, empero, no se advierte en ellos, pero sí en los lugares regados, donde el placer de oro se ve relucir; cuando el lugar es seco, basta irrigarlo para que el placer reluzca; abriendo pozos, o por otros medios, se lava la arena y se obtiene el oro; actualmente son más numerosos los lavaderos de oro que las minas. Según los galátai, sus minas del monte Kémmenon(119) y las que tiene al pie del Pyréne son más importantes; sin embargo, son más preciados los metales de allí. Dícese que a veces se encuentran entre los placeres del oro lo que llaman "palas"(120), pepitas de un "hemílitron"(121), que se purifican con poco trabajo. Se dice también que al hendir las rocas suelen hallarse pepitas menores emejantes a ubres. Sometido el oro a una cocción y purificado por medio de cierta tierra aluminosa, se obtiene un residuo que es el "élektron"(122). Éste, cuando va mezclado de plata y oro, se cuece de nuevo; la plata entonces se quema y queda el oro, pues siendo de naturaleza grasa, se puede licuar sin trabajo. En efecto, el oro se funde con facilidad mayor por medio de la paja, ya que su llama es más floja y se adapta mejor a su fin, fundiendo el metal fácilmente, Por el contrario, el carbón, con la vehemencia de su fuego, liquida el metal demasiado pronto, consumiéndolo. En los ríos, el oro se extrae y se lava allí cerca, en pilas o en pozos abiertos al efecto y a los que se lleva la arena para su lavado. Los hornos de la plata se hacen altos, con el fin de que los vapores pesados que desprende la masa mineral se volatilicen, ya que son gases densos y deletéreos. A algunas de las minas de cobre se las suele llamar áureas, pues se supone que de ellas se obtenía antes oro.

9. Poseidónios, alabando la cantidad y excelencia de los metales, no prescinde de su habitual retórica, sino que, poseído de un entusiasmo poético, se entrega a exageraciones. Así, no da como falsa la leyenda de que habiéndose incendiado una vez los bosques, estando la tierra compuesta de plata y oro, subió fundida a la superficie; pues que todo el monte y colina es como dinero acumulado allí por una pródiga fortuna(123). Y, en general, dice, cualquiera que haya visto estos lugares podría decir que son los eternos almacenes de la Naturaleza o los tesoros inagotables de un imperio. Porque el país es, según dice, no sólo rico en lo que muestra, sino también en lo que oculta; y en verdad, para sus habitantes, el subsuelo se halla regido, no por Háides, sino por Plóuton(124). Esto es lo que en forma florida dijo [Poseidónios] acerca de este asunto, sacando él mismo, como de una mina, buena parte de su lenguaje. Hablando de la industria de los mineros, cita a Phalereús, quien, refiriéndose a los de las minas de plata del Attiké, dijo que los hombres trabajan con tanto ahínco como si esperasen dominar al mismo Ploúton(125). Y supone que la industria y la energía de éstos [los tourdetanoí] es semejante, por cuanto abren sinuosas y profundas galerías, reduciendo a menudo las corrientes que en ellas encuentran por medio de los tornillos egypcios(126). Sin embargo, no todo es igual entre estos mineros y los attikoí, ya que para los últimos la minería es como un enigma, pues lo que recogen, dice, no lo toman, y lo que tenían lo pierden; por el contrario, para aquéllos la minería es sumamente provechosa, ya que una cuarta parte del mineral recogido por los trabajadores del cobre es cobre puro, y los propietarios de minas argénteas obtienen en tres días un "tálanton"(108) euboico. Mas el estaño -dice [Poseidónios]- no se encuentra en la superficie de la tierra, como repetidamente afirman los historiadores, sino excavando. Y se produce tanto en la región de los bárbaros que habitan más allá de los lysitanoí(28) como en las Islas Kattiterídes(127), siendo transportado a Massalía(111) desde el país de los brettanikoí(128). Entre los ártabroi(10), que habitan en lo más lejano del Septentrión y del Ocaso de Lysitanía(129), el suelo tiene, según dicen, eflorescencias de plata, estaño y oro blanco, mezclado con plata. Esta tierra es arrastrada por los ríos, y las mujeres, después de haber amasado la arena, la lavan en tamices tejidos en forma de cesta. Tal es lo que aquél [Poseidónios] ha dicho sobre los metales.

10. Polýbios, al mencionar las minas de plata de Néa Karchedón(130), dice que son muy grandes, que distan de la ciudad unos veinte stadios, que ocupan un área de cuatrocientos stadios(131), que en ellas trabajaban cuarenta mil obreros y que en su tiempo reportaban al pueblo romano veinticinco mil drachmas(132) diarias. Y omito todo lo que cuenta del proceso del laboreo, porque es largo de contar; pero no lo que se refiere a la ganga argentífera arrastrada por una corriente, de la que, dice, se machaca y por medio de tamicers se la separa del agua; los sedimentos son triturados de nuevo y nuevamengte filtrados y, separadas así las aguas, machacados aún otra vez. Entonces, este quinto sedimento se funde y, separado el plomo, queda la plata pura. Actualmente, las minas de plata [de Néa Karchedón] están todavía en actividad; pero tanto aquí como en otros lugares, han dejado de ser públicas, para pasar a propiedad particular; las de oro, sin embargo, son en su mayoría públicas. En Kastoulón y otros lugares hay un metal peculiar, de plomo fósil, el cual, aunque contiene plata, es en tan pequeña cantidad que su purificación no reporta beneficio.

11. Cerca de Kastoulón hay un monte que por sus minas de plata llaman Argyrós(133); se dice que de él mana el Baítis. Polýbios refiere que éste y el Ánas vienen de la Keltibería y distan entre sí unos novecientos stadios(134). Parece ser que en tiempos anteriores llamóse al Baítis Tartessós(135), y a Gádeira y sus islas vecinas Erýtheia(136). Así se explica que Stesíchoros, hablando del pastor Geryónes, dijese que había nacido "casi enfrente de la ilustre Erýtheia, junto a las fuentes inmensas de Tartessós, de raíces argénteas, en un escondrijo de la peña.(137)" Y como el río tiene dos desembocaduras, dícese también que la ciudad de Tartessós, homónima del río, estuvo edificada antiguamente en la tierra sita entre ambas, siendo llamada esta región Tartessís, la que ahora habitan los tourdoúloi(37). Eratosthénes acostumbra a llamar Tartessís a la región cercana a Kálpe, y a Erýtheia "isla afortunada"(138). Más Artemídoros, opinando en contra, afirma que es esto falso, como lo es que de Gádeira al Hierón Akrotérion haya cinco días de navegación, cuando la distancia efectiva no pasa de mil setecientos stadios; que la pleamar no se siente ya allí, cuando ésta se deja sentir en toda la periferia de la "oikouméne"; y que las partes septentrionales de Ibería sean más accesibles por la Keltiké que navegando por el Océano; y cuántas otras cosas ha dicho por arrogancia, dando crédito a Pythéas(139).

12. El poeta [por antonomasia Hómeros(140)], que tantas cosas cantó y de tanto dio noticia, brinda ocasión para pensar si no tuvo realmente conocimiento de estos lugares. Si alguien quisiera juzgar rectamente de la cuestión, tendría que considerar tanto las cosas que dijo con poca fortuna como las que manifestó con más razón y verdad. Así, pues, no acierta al decir que [Tartessós] está situada hacia el final del Ocaso, cuando, como él mismo afirma, cae en el Océano "la brillante lumbrera del Sol, arrastrando tras sí la noche negra sobre la tierra de fecundos senos.(141)" Pero como la noche, por su nombre siniestro, evoca evidentemente la idea de un lugar próximo al Háides, y éste a su vez confina con el Tártaros(142), pudo creerse que [Hómeros] se sirvió de lo que había oído de Tartessós, asimilando este nombre al de Tártaros, para aplicarlo luego a la parte más alejada de las regiones subterráneas, no sin embellecerlo de mucha ficción, conforme al uso de los poetas. Así también, sabedor de que los kimmérioi(143) habitaban junto al Bósporos, en los lugares situados al Norte y al Poniente, los transportó al Háides, dejándose llevar en esto por el odio común de los íones(144) contra aquel pueblo, del que se dice invadió en tiempo de Hómeros, o poco antes, la Aiolís y la Ionía(145). Así, del mismo modo, tomando siempre sus fábulas de algún hecho real, identificó las Kyáneai con las Planktaí, imaginándolas como escollos peligrosos, a ejemplo de lo que dicen eran las Kyáneai, llamadas también Symplegádes(146), añadiendo por esto la navegación de Iáson(147) a través de ellas; igualmente el estrecho de las Columnas(3) y el de Sikelía(80) le sugirieron el mito de las Planktaí. Por todo ello, de la ficción del Tártaros aunque basada en datos falsos, podría creer cualquiera que [Hómeros] había conocido los lugares cercanos a Tartessós.

13. Pero es mejor aún lo que vamos a recordar: la expedición de Heraklés(20) y la de los phoínikes(148) a estos parajes diéronle [a Hómeros], de sus habitantes, la idea de un pueblo rico y de buena condición; así, pues, su sujeción a los phoínikes fue tan completa, que hoy día la mayoría de las ciudades de Tourdetanía y de las regiones vecinas están habitadas por aquéllos. Me parece cierto, asimismo, que Odysseús(149) llegase hasta aquí en su expedición, la cual le sirvió [a Hómeros] de pretexto para que, como en la Iliás, también en la Odýsseia(150) conviertiera lo histórico en narración fabulosa, según costumbre de los poetas. En efecto, no sólo se hallan vestigios de estas cosas en Italía, Sikelía y otros lugares, sino en Ibería, donde hay una ciudad de nombre Odýsseia(151), un templo Athená(152) y mil otros indicios de las andanzas del héroe y de los demás que sobrevivieron a la guerra troyana, tan funesta para los defensores como para los conquistadores de Troía. Efectivamente, no lograron sino una "victoria Kadmeía"(153) y, en cambio, perdieron sus casas, sin conseguir cada uno más que una pequeña parte de botín; así, pues, se vieron obligados a echarse a la piratería, tanto los héllenes(154) como los que habían escapado y sobrevivido a la destrucción de su patria, unos por valor, los otros por venganza. Porque cada uno se había dicho que es bochornoso estar largo tiempo lejos de los suyos y volverse de vacío(155) a ellos. Así, al lado de las andanzas de Aineías, de Anténor y de los Henetoí, la Historia ha registrado las de Diomédes, de Menélaos, de Menestheús(156) y de muchos otros. Ahora bien, instruido por la voz de la Historia de todas estas expediciones guerreras a las costas meridionales de Ibería, conocedor también de la riqueza de estas regiones y de los bienes de todas clases que poseen y que los phoínikes dieron a conocer [Hómeros], tuvo la idea de colocar aquí la mansión de las almas piadosas, y el "Elýsion Pedíon"(157) donde, según la predicción de Proteús, Menélaos debía vivir algún día: "En cuanto a vos [Menélaos], los inmortales os conducirán al Elýsion Pedíon, en los fines mismos de la Tierra: donde reina el rubio Rhadámanthys, donde los humanos gozan de una vida feliz al abrigo de la nieve, de la escarcha y de la lluvia, y donde desde el seno del Okeanós se levante el soplo armonioso y refrescante del Zéphyros."(158) La pureza del aire y la dulce influencia del zéphyros son, en efecto, caracteres propios del Ibería, que vuelta por completo al lado del Occidente, posee un clima verdaderamente templado. Además está situada en los últimos confines de la tierra habitada, es decir, en los mismos lugares donde la fábula -como hemos dicho- ha colocado el Háides; porque la mención de Rhadámanthys en los versos que preceden implica la vecindad de Mínos, y ya se sabe lo que dice [Hómeros]: "Allí vi a Mínos, el noble hijo de Zeús, que con su cetro de oro en la mano administraba justicia a los muertos.(159)" Poetas venidos después han imaginado cosas semejantes a éstas: el robo [por Heraklés] de los ganados de Geryónes(160), y la expedición con el fin de conquistar la manzana de oro de las Hesperídes(161), y estas islas de los Makáron(162), en las que reconocemos hoy algunas de las islas sitas no lejos de la extremidad de la Maurousía, que está frente a las Gádeira.

14. Pero las primeras noticias fueron debidas a los phoínikes, que dueños de la mejor parte de Ibería, de la Libýe, desde antes de la época de Hómeros, quedaron en posesión de estas regiones hasta la destrucción de su hegemonía por los rhomaíoi. En cuanto a las riquezas ibéricas, atestíguanlas también lo que dicen los escritores, que los karchedónioi, guiados en una expedición por Bárka(163), hallaron los pueblos de la Tourdetanía sirviéndose de pesebres y de toneles de plata; por ello podría preguntarse si no sería por su gran felicidad por lo que estos hombres tuvieron reputación de longevos, sobre todo sus reyes, y quie por ello Anakreón pudo decir en este pasaje: "Yo mismo no desearía ni el cuerno de Amalthíe ni reinar ciento cincuenta años en Tartessós." Heródotos recogió a su vez el nombre del rey, al que llama Arganthónios(164).

15. Tienen los tourdetanoí, además de una tierra rica, costumbres dulces y cultivadas, debidas a su vecindad con los keltikoí, o como ha dicho Polýbios, a su parentesco, menor, no obstante, para aquéllos, pues la mayor parte viven en aldeas. Sin embargo, los tourdetanoí, sobre todo los que viven en las riberas del Baítis, han adquirido enteramente la manera de vivir de los rhomaíoi, hasta olvidar su idioma propio; además, la mayoría de ellos se han hecho "latínoi", han tomado colonos rhomaíoi, y falta poco para que todos se hagan rhomaíoi(165). Las ciudades ahora colonizadas, como Paxaugoústa, entre los keltikoí; Augoústa Emérita, entre los tourdoúloi; Kaisaraugoústa, entre los keltíberes, y otras semejantes, muestran bien claro el cambio que se ha operado en su constitución política(166). LLámanse "togátoi"(167) a los íberes que han adoptado este régimen de vida; los keltíberes mismos son hoy día entre ellos, aunque hayan tenido fama en otro tiempo de ser más feroces. Tal es lo que tenía que decir de éstos.
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