Strábon
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CAPÍTULO 5:


1. De las islas cercanas a Ibería(293), las dos Pityoússai(294) y las dos Gymnésiai, llamadas también Baliarídes(295), se hallan situadas frente a la costa comprendida entre Tarrákon y el Soúkron, en la que se levanta Sagoúnton; las Pityoússai están más alejadas hacia alta mar, mientras las Gymnésiai yacen más hacia el Occidente; una de éstas llámase Ébousos(296) y tiene una ciudad del mismo nombre; boja cuatrocientos stadios, y su anchura y longitud son parejas. Ophioússa(297), que se halla cerca de ella, está desierta y es mucho menor. De las Gymnésiai, la mayor tiene dos ciudades, Pálma y Polentía, de las cuales Polentía se alza en la parte oriental, mientras la otra se levante en la occidental; la isla tiene una longitud algo menor de seiscientos stadios y una anchura de doscientos, aunque Artemídoros duplica estas dimensiones(298), tanto en la anchura como en la longitud; la isla menor(299) está separada unos [doscientos] setenta stadios de Polentía, y aunque es de una extensión mucho más reducida que la mayor, no cede a ella en lo tocante a riqueza; ambas son fértiles y poseen buenos puertos [?], bajo cuyas entradas hay escollos que deben prever los que vienen de la mar. Sus habitantes, gracias a las riquezas de los campos, son pacíficos, así como los que viven en Ébousos; mas la presencia entre ellos de algunos malhechores que habían hecho causa común como los piratas, comprometió a todos y fue motivo de la expedición de Métellos(300), en la que éste adquirió el sobrenombre de Baliarikós y fundó las dos ciudades ya mencionadas. No obstante sus sentimientos pacíficos, la defensa de su codiciada riqueza ha hecho de ellos los honderos más famosos, y dicen que esta destreza data, sobre todo, desde que los phoínikes ocuparon las islas(301). Dicen también que fueron los primeros hombres que vistieron el "chitón platýsemos#302"(302). En el combate se presentan sin ceñir, teniendo el escudo de piel de cabra en una mano y en la otra una jabalina endurecida al fuego; raras veces una lanza provista de una pequeña punta de hierro. Alrededor de la cabeza llevan tres hondas(*: el texto lleva interpolada esta aclaración, ajena, sin duda, a Strábon: "Hechas de "melánkranis", una especie de esparto del cual se hacen las cuerdas. Y por ello dice Philetás en Hermeneía(303): mugriento y con "chitón"(304) miserable; envuelve sus delgadas caderas con una mandil de junco negro, como si la cintura fuera ceñida con junco.") de junco negro, de cerdas o de nervios: una larga, para los tiros largos; otra corta, para los cortos, y otra mediana, para los intermedios. Desde niños se adiestran en el manejo de la honda(305), no recibiendo el pan si no lo han acertado antes con ella; por esto, Métellos, cuando navegando hacia las islas se acercó a ellas, mandó tender pieles sobre la cubierta de los navíos para defenderse de los tiros de honda. Introdujo tres mil colonos(306) sacados de entre los romanos de Ibería.

2. A la fertilidad de la tierra únese el no tener apenas animales dañinos; las mismas "liebrecillas"(110), según dicen, no son indígenas, sino descendientes de una pareja introducida de la tierra firme vecina; la especie se propagó en tal abundancia, que los habitantes, viendo derribadas sus moradas a causa de las glerías abiertas bajo tierra por ellas, y destruidos sus árboles, tuvieron, como ya hemos dicho, que pedir auxilia a los rhomaíoi; pero ahora la destreza adquirida en su caza no da lugar a que el mal se reproduzca, sino que los propietarios cultivan sus campos con fruto. Estas islas están situadas en la parte de acá de las llamadas Columnas Herákleias.

3. Junto a ellas(307) hay dos islotes, a uno de los cuales llaman isla de Hera(308); algunos llámanlos también "Stélai". Fuera de las Columnas están las Gádeira(309), de las cuales no dijimos más sino que distaban de Kálpe unos setecientos cincuenta stadios; se hallan cerca de la desembocadura del Baítis. Pero hay mucho más que hablar de ellas. En efecto, sus habitantes son los que navegan en más y mayores naves, tanto por Nuestro Mar como por el Exterior; y puesto que no habitan una isla grande ni dominan extensas tierras en la parte opuesta de la costa firme, ni poseen otras islas, la mayoría viven en la mar(310), siendo pocos los que residen en sus casas o están en Rhóme, podría pasar por la ciudad más poblada del orbe, pues he oído decir que en un censo hecho en nuestro tiempo fueron contados hasta quinientos caballeros gaditanoí(311), más que cualquier otra ciudad de los italiótai(312), excepto la de los pataouinoi(313); a pesar de este número, su isla no mide más de cien stadios de longitud, siendo su anchura a veces de un stadio(314). En un principio vivían en una ciudad muy pequeña(315); mas Bálbos el Gaditanós(316), que alcanzó los honores del triunfo, levantóles otra que llaman "Nueva"; de ambas surgió Didýme(317), cuyo perímetro, aunque no pasa de veinte stadios(318), es lo suficientemente grande para no sentrise agobiada de espacio; efectivamente, en ella residen pocos, ya que la mayoría pasan en la mar gran parte del tiempo(310), o viven en la tierra firme frontera, y sobre todo en la vecina islita, porque ésta es fértil; tanto es así que, agradándoles el lugar, han hecho de la islita una como "antípolis#319"(319) de Didýme; pero en proporción son pocos los que habitan en ella y en el arsenal(320) que les ha construido Bálbos en la tierra firme frontera. La ciudad yace en la parte occidental de la isla, y cerca de ella, en la extremidad que avanza hacia el islote, se alza el Krónion(321). El Herákleion(322) está en la otra parte, hacia el Oriente, en el lugar donde la isla se acerca más a la tierra firme, de la que no está separada más que por un canal de un stadio de ancho. Dicen, además, que la ciudad dista del santuario doce millas(323); esto es, un número de millas igual al de los trabajos [de Heraklés]; pero, en verdad, la distancia es algo mayor: tanta como es de larga la isla midiendo la longitud de ella desde su extremo occidental hasta el oriental.

4. Para Pherekýdes(324), parece ser que las Gádeira son Erýtheia(325), en la que el mito coloca los bueyes de Geryónes(326); mas, según otros, es la isla sita frente la ciudad, de la que está separada por un canal de un stadio(327). Justifican su opinión en la bondad de los pastos y en el hecho de que la leche de los ganados que allí pastan no hace suero. En efecto, es tan grasa que para obtener queso hay que mezclarle mucya agua, y si no se sangrasen las bestias cada cincuenta días, se ahogarían. La hierba que pacen es seca, pero engorda mucho; de ello deducen haberse formado la fábula de los ganados de Geryónes. En general, todo el litoral está habitado(328).

5. Sobre la fundación de Gadeira, he aquí lo que dicen recordar los gaditanoí: que cierto oráculo mandó a los tyrioi(329) fundar un establecimiento en las Columnas de Heraklés; los enviados para hacer la exploración, llegaron hasta el estrecho que hay junto a Kálpe, y creyeron que los promontorios que forman el estrecho eran los confines de la tierra habitada y el término de las empresas de Heraklés; suponiendo entonces que allí estaban las columnas de que había hablado el oráculo, echaron el ancla en cierto lugar de más acá de las Columnas, allí donde hoy se levanta la ciudad de los exitanoí(330). Mas como en este punto de la costa ofreciesen un sacrificio a los dioses y las víctimas no fueran propicias, entonces se volvieron. Tiempo después, los enviados atravesaron el estrecho, llegando hasta una isla consagrada a Heraklés, sita junto a Ónoba, ciudad de Ibería, y a unos mil quinientos stadios(331) fuera del estrecho; como creyeran que estaban allí las Columnas, sacrificaron de nuevo a los dioses; mas otra vez fueron adversas las víctimas, y regresaron a la patria. En la tercera expedición fundaron Gádeira, y alzaron el santuario en la parte oriental de la isla, y la ciudad en la occidental(332). Por esto unos creen que los promontorios que forman el estrecho son las Columnas, mientras que otros las identifican con las Gádeira, habiendo quien cree que están fuera, más lejos que las Gádeira. Por otra parte, algunos suponen que las Stélai son Kálpe y el monte Abílix, que se alza frente a él por la parte de Libýe, el cual, según dice Eratosthénes, está en Metagónion(333), región ocupada por pueblos nomádes(207); otros, a su vez, creen que son las dos islitas próximas, a una de las cuales llaman isla de Hera(308). Artemídoros menciona también esta isla de Hera, así como su santuario; pero no dice haya otra isla, ni una montaña de nombre Abílix, ni un pueblo metagónion. Algunos también trasladan aquí las Planktaí y las Symplegádes(334), creyendo que son éstas las Stélai, a las que Píndaros llama "Pýlai Gadeirídes"(335), diciendo ser los últimos hitos de las empresas de Heraklés. Por otra parte, tanto Dikaíarchos(336), como Eratosthénes, como Polýbios y como la mayoría de los autores griegos, aseguran que las Columnas están en el estrecho. Los íberes y los líbyes aseveran que están en Gádeira, y sostienen que no hay nada en las orillas del estrecho que se asemeje a columnas. Otros dicen reconocerlas en las columnas de bronce, de ocho codos de altura, del Herákleion(322), que se alza en Gádeira, y en las cuales se han inscrito los gastos de la construcción del santuario; como los que han terminado su navegación van a ellas y sacrifican a Heraklés, ello pudo dar lugar a la fama de que allí estaba el fin de la tierra y del mar. Para Poseidónios, esta opinión es la más verosímil de todas; pero en lo que se refiere al oráculo y a las varias expediciones, dice ser mentiras fenicias. Mas, sobre dichas expediciones, ¿qué se podría afirmar, en pro o en contra, siendo unas razones y otras igualmente admisibles?; pero, en cambio, la objeción de que las islitas o las montañas no se parecen en nada a las columnas, y que hay que entender como columnas verdaderas las que se han dicho de los términos de la tierra habitada y de los viajes de Heraklés, parece no estar desprovista de razón. Fue, en efecto, costumbre antigua levantar hitos terminales de este tipo, tal como la pequeña columna en forma de torrecilla alzada por los rhegínoi(337) en el estrecho [de Messina], y el llamado torreón del Péloron, que se yergue frente por frente; o, por ejemplo, los llamados "Bómoi Philaínon", alzados hacia la mitad del intervalo que separa a las Sýrteis(338); otro testimonio más es la columna que se levantaba hace poco, según se recuerda, en el isthmo de Kórinthos(339), y que los íones, convertidos en dueños del Attiké(340) y de la Megarís(341), tras su expulsión del Pelopónnesos(342), costruyeron a medias con los nuevos poseedores, escribiendo en el haz que mira a la Megarís: Esto no es el Pelopónnesos, sino la Ionía; y en la faz opuesta: Esto es el Pelopónnesos, y no la Ionía. Añadamos que Aléxandros, para señalar el término de su expedición a la Indiké, levantó altares terminales en los mismos lugares hasta donde alcanzó en su ruta hacia el oriente de los indoi, imitando así lo que hicieron Heraklés y Diónysos(343). Esto era, por tanto una costumbre.
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CONTINUACIÓN.------------------------------------------------ INICIO.