Strábon
NOTAS AL CAPÍTULO V

-293. Strábon dedica el capítulo quinto a las islas cercanas o dependientes de Ibería. Por ello hablará ahora de las Baleares, que entonces se dividían en dos grupos: las Baliarídes propiamente dichas, Mallorca y Menorca, y las Pityoússai, Ibiza y Formentera. También se habla aquí de Cádiz, porque entonces constituía, y aun hoy mismo constituye realmente, una isla. Strábon dedica a Cádiz casi todo el capítulo quinto; es decir, proporcionalmente, mucho más que lo dedicado en todo el libro III a cualquier otra parte de Ibería, incluso a la misma Baitiké, de la que es tan entusiasta descriptor. Ello se explica porque Cádiz era en tiempos de Strábon la ciudad más importante de todo el Occidente y una de las más activas de todo el Mediterráneo, como el geógrafo nos hará ver. Terminará todo el libro III hablándonos de las Kassiterídes. Con ello acabará lo que Strábon creyó necesario decir de la Península Ibérica.

-294. Las dos islas que componen el grupo de las Pityoússai son Ébyssos (Ibiza) y Ophioússa (Formentera). Pityoússai significa "isla de los pinos" (en griego pítys es pino), que según parece no es sino la traducción de la voz fenicia ibusim, que tiene el mismo sentido, y de la cual se deriva el nombre de Ébyssos, o Ébousos, con que la designaban los griegos, y el de Ebusus, con el que la conocían los latinos. De él se deriva el actual de Ibiza. Ophioússa (actual Formentera) significa en griego "isla de serpientes", de óphis=serpiente. Sobre esta particularidad véase luego (número 297) lo que se dirá.

-295. Según Strábon, el término Gymnésiai es igual que el de Baliarídes y afecta a Mallorca y Menorca, que forman el grupo más occidental del archipiélago balear (*equivocación del autor, pues constituyen el grupo más oriental). Sin embargo, en un texto anónimo muy viejo, fechable hacia mediados del siglo VI a. de J. C., por lo menos (contenido en el poema Ora Maritima, de Avienus), los gymnetes viven en la costa frontera a Ibiza, en la región del Cabo de la Nao; Ibiza es llamada asimismo Gymnesia, nombre que en dicho testimonio no afecta ni a Mallorca ni a Menorca, que además parecen ignoradas por el desconocido autor del texto. En cuanto al nombre de Baliarídes o Balearídes (así en el mismo Strábon, XIV, 2, 10), aparece por vez primera en Polýbios (mediados del siglo II a. de J. C.). Parece ser que proviene del nombre indígena del pueblo que habitaba en ellas, los baleares o balearídes.
El laudable afán de explicarse las cosas, llevó a los griegos a creer que el nombre de Gymnésiai procedía del griego gymnós, desnudo; pero ésta es una etimología arreglada; se trata de una adaptación al griego de un nombre indígena homofónico, pues no es concebible que los gymnetes (o gymnétai) se llamasen a sí mismos con un nombre extraño, alusivo además a una costumbre que si para los helenos podía resultar llamativa, para ellos no; y menos considerando que el desnudismo era común a otros muchos pueblos bárbaros de las orillas del Mediterráneo. Lo mismo puede sospecharse del origen real del nombre Balearídes. Según una interpretación seudoerudita de un autor griego (Tímaios, en Diódoros), los indígenas de estas islas se llamaba a sí mismos balearídes, del griego bállein, arrojar, aludiendo a la destreza con que manejaban la honda (véase núm. 305). Sin embargo, esta etimología es tan inaceptable como la otra.
Más cerca de la verdad estaremos al considerar en tal término una raíz propiamente vernácula, modificada o arreglada por los eruditos griegos para hacerla comprensible en su lengua y darle un sentido previamente buscado. De bállein no pudo derivarse Baliarídes. Acaso el nombre de balaroí, dado a gentes ibéricas que se establecieron en Cerdeña (un antropónimo Balarus se conce entre los vettones de Castilla la Nueva), explique mejor que la ingenua etimología griega el origen indígena de la raíz. Strábon, algo más informado, dice en otro lugar (XIV, 2, 10) que las designación de balearídes procede de los fenicios. En todo caso, como los mismos textos exponen (Tímaios-Diódoros), el apelativo de Gymnésiai aplicado a las islas es de uso griego, mientras los romanos y los indígenas las llamaban Baliarídes. Sin duda, de los indígenas pasó a los fenicios, y de éstos a los romanos.

-296. Ébousos, escrito también Ébyssos, fue la primera colonia fundada por los carthagineses en el área del lejano Occidente. Según textos fidedignos, su creación data del año 654 a. de J. C. La isla estaba entonces desierta o casi desierta. El primer asiento debió de fijarse en la Isla Plana (hoy soldada a la tierra firme, pero con el nombre de isla aún), inmediata a la ciudad de Ibiza. Más tarde hubo de extenderse o trasladarse al solar de la actual ciudad. Los colonos primeros fueron pescadores y saladores; luego debieron de llegar también industriales y agricultores. Estos últimos hicieron de la isla un verdadero jardín, ya alabado por los autores antiguos.
La población era cosmopolita en extremo; hacia la época de Augusto, además de los púnicos había romanos, griegos y gentes de todo el Mediterráneo, sin faltar, naturalmente, baleares e iberos. De tal población tenemos sobrados testimonios, gracias a la abundancia, en casos pródiga como pocas veces, de reliquias arqueológicas que han surgido o van emergiendo en toda la isla. De estos yacimientos, el más importante es el cementerio de la antigua Ébyssos, la llamada necrópolis del Puig d'es Molins, sita en el cerro de este nombre, cercano a la capital. Baste decir, para formarse idea de su importancia (no igualada por ningún otro yacimiento arqueológico similar del resto del Mediterráneo), que tal cementerio ha contenido unas 5.000 tumbas, la mayoría múltiples (cuatro o cinco enterramientos en cada una), abiertas en la roca, y de las cuales han salido, durante toda la Edad Media (explotaciones árabes y cristianas) y primeros decenios de este siglo, una infinidad de objetos de toda laya pertenecientes a sus ricos ajuares funerarios. Las estatuitas de barro cocido y policromado, los collares y ungüentarios de pasta vítrea de vivos y variados colores, las joyas de oro, las mascarillas fúnebres, los vasos de cerámica, las hachuelas o navajillas votivas de bronce, los vidrios, los espejos, los enseres de pesca, los sellos o amuletos grabados, los anillos y otros muchos utensilios de tocador y de usos industriales, llenan hoy varias salas de los museos de Madrid, Barcelona, Ibiza y Cau Ferrat (Sitges, Barcelona). La mayoría son púnicos, como es lógico; pero no faltan los griegos (desde mediados del siglo VI a. de J. C.), los helenístico-alejandrinos, los orientales y los romanos. El abundante lote de figuras de barro cocido es singularmente interesante por su valor arqueológico. El Puig d'es Molins no es el único yacimiento de la isla; ya hemos dicho que toda ella es un yacimiento casi continuo (Isla Plana, Puig d'en Valls, Cueva d'es Cuyram, con un santuario de Tanit; Purmany, antiguo Portus Magnus, Talamanca, etc).

-297. Ya se ha dicho que el nombre de Ophioússa significa "isla de serpientes" en griego. En tiempos de Strábon aún estaba desierta, sin duda por su aridez y por la superabundancia de reptiles. Acaso el nombre indígena fuese el de Colubraria, con que la citan Mela y Plinius.

-298. Pálma lleva actualmente el mismo nombre y es la capital del archipiélago. Pollentia o Polentía (de pollere=valer) es la actual Pollensa, cerca de la cual han aparecido, y están en curso de excavación, los interesantes restos de la ciudad romana: 200 stadios=27 kilómetros; 600=81. Esta última dimensión es, aproximadamente, justa; pero la de 27 es sólo la mitad, por lo que en esto llevaba razón Artemídoros al considerarla doble.

-299. En los tiempos propiamente históricos las dos islas del grupo de las Baliarídes se designaban diferencialmente con los nombre de maior y minor, de donde los actuales. No me parece verosímil aquí el pretender raíces indígenas, creando unos supuestos Maioúrika y Menoúrica, que existen en la antroponimia africana antigua como nombre de mujer.
Es posible que los griegos les diesen a ambas los nombres de Meloússa y Kromyoússa (sin que sepamos cuál a cuál); por lo menos, Hekataíos (hacia el 500 a. de J. C.) cita frenta a Ibería estas dos islas. Meloússa parece derivar de mélon, en griego igual a manzana, melocotón o un fruto parecido; así como Kromyoússa, de krómmyon, que equivale en la misma lengua a cebolla, quizá aludiendo a sus frutos más característicos. El malum punicum es la granada, introducida en Europa por los púnicos precisamente, de donde su nombre latino. Obsérvese además esta coincidencia de terminaciones griegas: Mel-oussa (Mallorca o Menorca); Kromy-oussa (Formentera, vide número 297). Estos sufijos se hallan también en otros nombres de origen griego sitos en la costa meridional de la Península, como Oin-oussa, Kotin-oussa (Cádiz), Kalath-oussa (¿Huelva?) y Ophi-oussa (¿España?), y enlanzan con otros muchos del Mediterráneo central y oriental con la vieja partícula -oussa por terminación. Por ello se tienen, con razón, como restos tópicos de una antigua corriente colonizadora griega, fechable acaso en los siglos IX u VIII.

-300. Este Metellus es el hijo del Metellus que conquistó Macedonia; mereció el título de Baliaricus por haberlas conquistado, en 123-122 antes de J. C.

-301. Ya se ha dicho que los carthagineses (que es lo que sin duda pretendía decir Strábon al citar aquí a los phoínikes o fenicios) fundaron la colonia en el 654 (véase núm. 296).

-302. El chitón platýsemos es lo que en latín se decía tunica laticlavia, túnica senatorial que se distinguía de las otras por dos anchas franjas de color morado (laticlavus). El chitón giego no era precisamente lá túnica; pero aquí es término equivalente (vide núm. 304).

-303. Philetás o Philétas. Se distinguió como poeta y filólogo, floreciendo entre el 320 y el 270. Escribió varias obras, una de las cuales se titulaba precisamente Hermés. Este pasaje se tiene como interpolación, a modo de glosa o explicación, debida al copista de Strábon; por ello, la voz hermeneía puede significar aquí tanto "aclaración" como "obra referente a Hermés".

-304. Chitón, especie de camisa con manga. Se introdujo en Athenas a fines del siglo VI, traída por los jonios de Asia Menor.

-305. Los honderos baleares fueron famosos en toda la Antigüedad, y son varios los textos antiguos que hablan con elogio sumo de la destreza asombrosa con que manejaban esta terrible arma, con la que lanzaban piedras enormes que hendían corazas y cascos metálicos fácilmente. Su fama se debió, sobre todo, al empleo sistemático que de ellos hicieron los carthagineses en todas sus guerras, singularmente en las mantenidas contra griegos de Sicilia, durante los siglos V al III, y las llevadas a cabo por Hannibal contra Roma en los últimos decenios del siglo III a. de J. C. En Zama aún figuran estos honderos, como parte importante de las tropas púnicas, al lado de otros mercenarios reclutados en la Península Ibérica.

-306. Con ellos debió de formar los núcleos de las colonias por él fundadas de Pollentia y Palma.

-307. Aquí comienza Strábon su interesante descripción de Cádiz (no sin aludir antes a otros islotes cercanos), para cerrar el capítulo con las islas Kassiterídes. La descripción que vamos a leer, interrumpida por una larga glosa referente a las Columnas y una pesada discusión sobre ciertos pozos del Herákleion gaditano, procede de los tres grandes sabios helenísticos que estuvieron en Cádiz: Polýbios, Poseidónios y Artemídoros, de entre los cuales parece ser Poseidónios, con mucho, el que más fue aprovechado.

-308. La isla de Hera es una de las dos islas del Estrecho que se citan ya en el viejo periplo contenido en la Ora Maritima de Avienus, texto fechable en este párrafo hacia el año 500. Héra es la divinidad griega equivalente a la latina Iuno. Plinius dice que los indígenas llamaban Insula Iunonis a la Isla de León; aunque esta identificación, que se encuentra ya en textos muy viejos, no es clara. Parece ser que de las dos islas aludidas por Strábon aquí, una es la de Perejil, cerca de Punta Leona, en la costa meridional (africana) del Estrecho, y la otra tal vez la de Palomas, próxima a Punta Carnero, en el lado europeo. Pero cabe otra tercera, que sea la de Tarifa, hoy soldada a la tierra firme y que no cabe desdeñar como probable Héra.

-309. Gádeira. El nombre fenicio original es el de Gádir, con significado de "castillo", "fortaleza" o, en general "recinto murado". Equivale al de Agadir, frecuente en muchos topónimos norteafricanos actuales, pues aún hoy entre los bereberes "agader" significa muro, llamándose en general "agadir" a los castillos del Atlas. Entre los griegos se la cita (de un modo no explicado satisfactoriamente) como tá Gadeira o, en variante jónica, tá Gédeira, en plural neutro. Heródotos la llama, por excepción, pero en forma plural también, Gédeiroi. Esta forma acaso se deba al hecho de que a Cádiz, en la Antigüedad, se la pudo considerar más que como una isla como una conjunto de ellas, de las cuales las más importantes eran, con mucho, la propia de Cádiz (conocida por los primeros navegantes griegos como Kotinoússa) y la Isla de León (llamada también en los textos antiguos Erýtheia y Aphrodisías, y por los indígenas, Insula Iunonis, según Plinius.)

-310. Strábon hace resaltar el carácter esencialmente marinero de los gaditanos.

-311. Es curioso que Strábon emplea aquí la forma latina, en lugar de decir, en griego, gadeirítai.

-312. Italiótai, los griegos de Italia.

-313. Pataouinoi (latín patauini), los habitantes de Patauium, actual Padua, al norte de Venecia (nota 215).

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