Strábon -5. Fuentes del libro III: lo dicho invita a hacernos eco de uno de los problemas más interesantes en toda edición o comentario de textos antiguos. Me refiero al problema de las fuentes. ¿De qué autoridades se valió Strábon para redactar el libro III, dedicado a Ibería, y las referencias a la misma contenidas esporádicamente en los demás? Comencemos por enumerar los autores que él mismo explícitamente cita.
He aquí la lista de nombres colocados en aproximado orden cronológico: Hómeros, Stesíchoros, Anakréon, Pherekýdes, Píndaros, Heródotos, Éphoros, Aristotéles, Pythéas, Philetás, Dikaíarchos. Megasthénes, Stráton, Timosthénes, Eratosthénes, Silanós, Krátes, Hípparchos, Séleukos, Polýbios, Artemídoros, Poseidónios, Asklepiádes y Athenódoros.
Además de estos autores explícitos en la obra de Strábon, el geógrafo, para proporcionarse algunos informes recientes de España, se valió sin duda de ciertas personas pertenecientes a la Administración o a la milicia romanas que pudieron estar en la Península. De esta fuente tácita son los informes que Strábon nos da de la región catábrica y de la galaica, sobre las cuales poco podía saber por los autores antes citados, incluso los más modernos. Como las guerras de la Cantabria, que Augustus llevó con tanto acierto como dificultad, llegaron a feliz término precisamente en los años en que Strábon redactaba o planeaba su libro en Roma (las Guerras Cántabras terminaron el año 19 a. de J. C.), es natural deducir que los datos que traslada a su descripción de la zona norte y noroeste de España proceden en gran parte de narraciones oídas casualmente e inquiridas también por el autor entre los oficiales, altos empleados y comerciantes que con tal motivo estuvieron en Cantabria y Galicia. La suposición, tan verosímil y natural, se apoya también en el carácter anecdótico que a veces toman estos informes, anécdotas que dan la sensación de haber sido recogidas acá y allá entre un corro de soldados que comentan las campañas pasadas.
Mas volviendo a las fuentes escritas, es obvio deducir de los nombres arriba catalogados que en su mayoría son de poco valor en lo que a España, como entidad geográfica y etnológica, atañe. Las citas de Hómeros, Stesíchoros, Anakréon, Pherakýdes, Píndaros, Heródotos, etc., etc., son meros lucimientos eruditos que adornaban el libro, tachonándole de nombres vetustos y famosos, pero que poco podían aportar de interesante para su tarea fundamental. A partir de Éphoros y Pythéas, sin embargo, ya van teniendo las citas de autoridades un valor cada vez mayor y un empleo cada vez más justificado en Strábon. Lástima grande es que de Pythéas, que a su arrojo unía gran disposición para las observaciones científicas, no haya merecido de Strábon una mayor fe y hasta un mayor respeto, pues sus informes sobre la Península, que circunnavegó al parecer dos veces, debieron de haber sido entonces verdaderamente valiosos y hoy serían inapreciables para nosotros. De los demás, es decir, de Dikaíarchos, Timosthénes, Eratosthénes, Hípparchos, Silanós y Krátes, en su mayoría autoridades científicas de primer orden en el mundo helenístico y mentes potentísimas para la investigación, aunque no estuvieron en España, se ocuparon de ella como punto de referencia en sus cálculos geodésicos por ser el extremo más occidental del mundo conocido. Por tanto, en los dos primeros libros los cita hasta la saciedad, hablando del origen del Estrecho de Gibraltar, y de las distancias referidas a él o de la trayectoria de su paralelo, siempre tomando los datos de los grandes geógrafos dichos. Sin embargo, con razón les achaca varias veces Strábon falta de autoridad en lo que atañe al Occidente lejano, del que sólo sabían con alguna certeza las distancias en días de navegación o de camino, y éstas tomadas de los comerciantes o marineros, pero ignoraban otros extremos interesantes, como son sus partes o divisiones, sus pueblos, sus ciudades, sus gentes, su extensión, sus costumbres, etc., de las que naturalmente, Strábon en el libro III (Ibería) nada aprovecha o rebate con sobrada razón.
Otra cosa muy distinta acaece ya con los autores que van a continuación en la lista cronológica dada arriba por nosotros. Los nombres de Polýbios, Poseidónios, Artemídoros y Asklepiádes son sin duda alguna los verdaderos autores-fuente de que se sirvió Strábon para suplir su lamentable falta de visión directa y personal de Ibería. Todos los cuatro estuvieron más o menos tiempo en la Península, y todos vinieron con el ánimo dispuesto a aprender y los ojos bien abiertos para ver y estudiar. Polýbios, el gran historiador, viene a España y llega hasta su interior, hasta Numantia, siguiendo a su gran amigo el general romano Scipio; ello tiene lugar poco después de mediado el siglo II a. de J. C. Hacia el año 100, o algo más tarde, visitan nuestra tierra otras dos grandes mentalidades del saber de su tiempo: Artemídoros y Poseidónios; y por esos mismos tiempos, aproximadamente, vivía enseñando en la Tourdetanía otro sabio helenístico: Asklepiádes.
Todos ellos escribieron sobre España, tanto sobre sus riquezas, sus fenómenos físicos, sus pueblos y costumbres, como sobre su configuración, sus ciudades, sus ríos, sus montañas y los recientes acontecimientos históricos de que fueron teatro. Strábon, que desconocía la Península Ibérica, tuvo en ellos una enorme cantera, de la que, nos da la sensación amarga, no supo sacar todos los materiales que hoy día tanto hubiésemos apreciado, habiéndose perdido casi por entero las obras de estos escritores o, por lo menos, las páginas dedicadas concretamente a España. Pero seamos agradecidos, ya que por su medio han llegado a nosotros las pocas reliquias conservadas hasta el día.
La brusca presencia de estos cuatro hombres de ciencia y de letras en el más lejano extremo del Occidente, y la proximidad cronológica de sus visitas, no son meras casualidades. Era natural que tras la ignorancia que, pese a todo, existía en el munod helenístico de las tierras extremas de la "oikouméne" -estando éstas como estaban tan alejadas de los centros de estudio y de saber del mundo griego-, sucediese en la primera ocasión propicia una avidez grande por descorrer parte al menos de los numerosos velos que encubrían aún los confines del Occidente con su inmensa superficie oceánica en derredor. Esta ocasión se ofreció en el siglo II, tras la conquista romana de España y la pacificación general advenida con la constitución de un imperio que iba desde Asia Menor hasta las costas de ese mismo Océano, pleno de misterios. Es el mismo Polýbios quien nos lo dice en palabras llenas de evidencia: "En nuestro tiempo -afirma-, a causa de la costitución del Imperio de Aléxandros en Asíe y del dominio romano, casi todas las tierras son accesibles, ya por mar, ya por tierra..., y es más fácil conocer y esclarecer la verdad acerca de lo que anteriormente se ignoraba". Y más adelante añade: "Hemos sufrido los peligros de los viajes por Libýe, Ibería, y después por la Galatía y por el Mar Exterior que baña estos países, a fin de corregir los yerros de los escritores anteriores y dar a conocer a los griegos todas estas partes del mundo". Se ve, pues, por estos párrafos con qué interés generosamente científico habla Polýbios de la apertura para los sabios de nuevos y amplios campos de observación y de conocimiento, y se explica que esta apertura fuese precisamente para el Occidente la conquista romana, como lo fue para Oriente la expedición de Alejandro, pues antes era virtualmente imposible para los sabios el arriesgarse por estos lejanos parajes del "mundo habitado", estando reservado su conocimiento únicamente a los navegantes y comerciantes de que habla Hípparchos en el párrafo al que antes hemos hecho alusión. Bien claro resultará al lector, al tiempo que pase estas páginas, el convencerse del interés exclusivamente científico con que Poseidónios vioene a España y se establece en Cádiz, donde se dedicó a investigar el fenómeno de las mareas oceánicas. Lo mismo cabe decir de Artemídoros, y quizá de Asklepiádes, autor de un tratado sobre los pueblos de la Tourdetanía.
Sin embargo, no todos estos autores fueron utilizados igualmente por Strábon. Se adivina a lo largo de sus textos que deseaba informarse de España; pero no de cualquier modo, sino recurriendo a los autores más modernos y fidedignos. Ésta y no otra es la causa de que teniendo nuestro geógrafo una manifiesta predilección, o devoción diríamos mejor, por Polýbios, al cual imita y al cual quiso suceder como historiador en sus perdidas Hypomnémata Historiká, sean relativamente pocas las cosas que toma de este historiador, que escribió un libro (el XXXIV de sus Historíai) sobre etnografía y geografía de España, libro hoy perdido, pero que Strábon tenía ante los ojos al redactar su obra.
En cambio, casi todo lo que Strábon toma de plumas ajenas es precisamente de Poseidónios, al que hemos de considerar como fuente principal de Strábon. De Poseidónios proceden los informes sobre la riqueza minera de Ibería, las tradiciones recogidas en Cádiz referentes al origen de la ciudad y a la expedición atlántica de aquel extraño Eúdoxos de Kýzikos; las disquisiciones sobre las mareas y otras cuestiones más de menor monta son también poseidónicas de origen, aunque a menudo figure mezclado el nombre de Artemídoros, fuente ésta que quizá haya que colocar también antes que Polýbios, tanto por lo que toca a la eficacia de la información como a su cuantía. Si Strábon prefiere en general los informes de Poseidónios y Artemídoros a los de Polýbios, es sin duda por la mayor proximidad de éstos a su tiempo, a la fecha en que escribe.
En cuanto a Asklepiádes, Strábon lo cita dos veces, y al parecer de segunda mano y ello brevemente ambas. Después de estos cuatro investigadores, los informes escritos de Strábon cesan en absoluto. Para llenar el gran vacío que va desde ellos hasta su tiempo, acaso medio siglo, no tiene más recurso que acudir, como ya hemos dicho antes, a las fuentes orales de sus contemporáneos, de las cuales proceden las referencias a los pueblos y países del Norte y del Noroeste. Para un investigador actual ha de ser motivo de extrañeza que una obra como ésta se apoye fundamentalmente en informes tomados medio siglo atrás; pero esto es frecuente en toda la Antigüedad, en la que a menudo y por un prurito de erudición arqueológica los escritores viejos (Hómeros, por ejemplo, para Strábon) gozaban de un crédito que a veces no tenían los más recientes.

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